• José Garay Mancilla es cinturón negro y noveno dan en kempo karate
Crédito fotografía: 
Guillermo Alday
El deportista se inició en diciembre de 1969 en la práctica de esta disciplina que nació en los Estados Unidos y que se orienta la defensa personal.

Tanaka, un personaje de origen japonés que apareció en una película de la saga de James Bond, despertó la curiosidad de José Garay Mancilla, cuando él tenía 15 años en su natal Punta Arenas. Eran los años 60, cuando al país comenzaron a llegar películas chinas que mostraban las grandes habilidades de los artistas marciales y Garay quería ser como uno de ellos. Hoy, cincuenta años después, el deportista es uno de los máximos exponentes del karate kempo, una disciplina de origen norteamericano y que se concentra en la defensa personal.

“Tanaka era un señor que parecía indestructible y me llamó mucho la atención. Así que después de ver película, salí a buscar un gimnasio donde me pudieran enseñar lo que había visto. Sin embargo, en Punta Arenas, donde vivía, no había nada”, recuerda en una reciente visita a la ciudad de La Serena.

En su búsqueda encontró a un grupo de carabineros quienes practicaban judo. Pese a que no era precisamente lo que buscaba, no dudó y se inscribió para practicar con ellos. “Me parecía muy interesante y me entusiasmó que una persona de baja estatura como la mía pudiera derribar a una persona de 120 kilos (...)  Al principio perdía todo porque los carabineros eran adultos: me ganaban siempre”, reconoce.

En el año 1969, hace 50 años, un instructor de karate arribó a Punta Arenas. “Él llegó, visitó nuestro club y realizó una demostración de karate, en la cual yo serví de sparring (..) Me gusto el karate y alrededor de diciembre de 1969, comencé con su práctica y empecé a entrenar con él (...) por eso estoy a un paso de cumplir 50 años de la práctica de un solo arte, el kempo karate”, comenta.

Acerca del kempo, el cinturón negro detalla que esta disciplina se desarrolló en los Estados Unidos en años 60 y 70, cuando un maestro, quien aprendió el karate en Hawái, comenzó su enseñanza, pero a los estadounidenses no les gustó.  “Él modificó el karate e hizo algo más práctico para el ciudadano americano, orientado principalmente a la defensa personal”, explica Garay.

“Cuando empecé a practicar el kempo, me llamó mucho la atención los valores que tenía: ser honesto, ser íntegro, ser correcto en la vida, decir la verdad y algo que puede ser una contradicción: a no ser violento”, añade el deportista. “Hasta el día de hoy, el kempo me apasiona”, afirma.

Acerca de sus logros en la disciplina -es cinturón negro y noveno dan- Garay admite que “en mi época alcanzar el cinturón negro era duro. No había mucha modernidad en esa época, así que era muy bruto en los algunos aspectos y se lograba después de 5 o 7 años. Yo me demoré 10 años en lograr mi cinturón negro, es como una carrera universitaria”.

“Después vienen los danes por mayor conocimiento y dedicación al arte por los años. Hasta el quinto dan, se rinde un examen y después es por mérito por la formación. Yo ya tengo cuatro generaciones de cinturones negros que he formado, se cuenta cada diez años, por lo tanto tengo mucha gente que he formado y eso es una satisfacción personal, porque creo que hemos formado a personas de bien”, indica.

Clases

Al ser el mayor representante del kempo karate en el país, a fines de la década de los 90 José Garay  dio libertad a sus practicantes cuando se derogó la ley de Artes Marciales. “Dí libertad a todos los instructores para que se desarrollen como personas, que puedan forjar su propio camino (...) si querían vivir de esto lo podían hacer, enseñar gratis o en forma remunerada”, remarcó.

José Garay confiesa que para él, el kempo karate es una forma de vida y que prácticamente no se separa de su kimono, el que lleva a todas las ciudades que visita porque, como dice, siempre puede aparecer la oportunidad de enseñar la disciplina. “Yo no separo las cosas y digo de 7 a 8 son karateca y desde las 8 de la mañana, soy ejecutivo de una empresa. Todo va de la mano. Por lo tanto es parte de mi formación, el ayudar a la gente, ayudar a que las personas aprendan a ser más eficientes, a que respeten los valores humanos, que respete a sus compañeros, trabaje en equipo para lograr objetivos, todo eso me lo entregó las artes marciales”, expresa.

Como buen maestro, Garay asegura que siempre está disponible para sus alumnos. “Si alguien me requiere para un seminario, yo voy, no solo en Chile sino que también en el extranjero. Es mi misión para que esta disciplina se siga divulgando, para que la gente vea que esta disciplina se puede practicar durante toda la vida, y que no hay distinción de edad ni de sexo”.

Garay cuenta que vive en un entorno de naturaleza y que sus hijos, por circunstancias de la vida, no siguieron la práctica del karate. “A muy temprana edad, los puse en un colegio donde se practicaba el hockey en patines y a ellos les fascinó y jugaron toda la vida este deporte”, añade.

En el ámbito profesional, José Garay estudió ingeniería eléctrica y se especializó en electrónica y telecomunicaciones. A lo largo de su trayectoria, se ha desempeñado en distintas empresas de telecomunicaciones y ha desarrollado consultorías en Chile y en el extranjero.

El maestro admite que “me estoy retirando de la vida profesional, pero del karate no pienso retirarme, y creo que es así porque es algo que te acompaña, todos los días”.

 

 

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