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Leo Fritis
A tres meses de la suspensión de la cartelera de entretenimiento, la realidad del personal técnico de los eventos devela una de las caras más tristes e injustas de la crisis sanitaria. Al no contar con un contrato, dejaron de percibir ingresos de manera inmediata. Por estos días, sonidistas, iluminadores y montajistas han encontrado un respiro en la venta de frutas y verduras, artículos sanitizantes y delivery.

“Somos los llamados poleras negras u obreros del rock, sin nosotros no hay show. Somos los primeros en llegar y los últimos en irnos, pero nadie nos ve”, comenta a El Día Rodolfo Valenzuela, técnico en sonido con más de 25 años de trayectoria en el rubro de entretenimiento de la región.

El “Rolo”, como lo llaman los más cercanos, se ha desempeñado como sonidista y productor técnico de reconocidos artistas nacionales de la talla de Américo, Inti Illimani, Grupo Alegría, Los Bunkers, Natalino, Noche de Brujas, Illapu, entre otros, además de estar a la cabeza de una empresa de arriendo de instrumentos.

Hoy enfrenta un complejo panorama laboral debido a la crisis sanitaria. Y es que después del estallido social, la pandemia le dio la estocada final al gremio. De hecho, su último trabajo fue el 17 de marzo, un día antes que se confirmaran los primeros casos de Covid-19 en la comuna de La Serena.

Con el fin de subsistir a la emergencia, Valenzuela cuenta a nuestro medio que “he tenido que vender algunas cosas para tener liquidez y con mi socio hemos hecho malabares para no perder el estudio y salas de ensayo. Hablamos con los dueños y nos hicieron un descuento del 50%”.

A tres meses de la llegada del virus a Chile, confiesa sentirse defraudado por el ministerio de las Culturas, cuestionando el destino de los programas de ayuda que han ofrecido desde la cartera. “No buscan a las personas que realmente vivimos de esto, hacen catastros que al final aseguran a los mismos de siempre”, acusa.

En este sentido, hace un llamado a las autoridades para que se contacten con los trabajadores del rubro del espectáculo, argumentando que “somos muchos los que usamos poleras negras para no vernos y que los artistas brillen (…) cuando hacemos bien nuestra labor nadie nota que estamos”.

Olvidados

Más allá de los músicos, bailarines y actores que salen a escena, existe un grupo tras bambalinas que hace posible cada show. Hablamos de productores, sonidistas, iluminadores, montajistas, vestuaristas, banqueteras, fotógrafos y un sinfín de oficios que están paralizados por el coronavirus.

La mayoría de ellos no cuenta con un contrato y trabaja por proyecto, realidad que por estos días los tiene sin percibir ingresos. La pandemia los ha obligado a dar un giro total a su fuente laboral, encontrando un respiro en la venta de frutas y verduras, artículos sanitizantes y  delivery.

Al respecto, Ignacio Fuentes, stage y sonidista, expresa que “es triste ver como personas que estudiaron años en la universidad, que se prepararon, anden haciendo otro tipo de trabajos. Para mí es una pena. Nos sentimos muy abandonados por el Gobierno, deberían tomarnos en cuenta”.

Por su parte, Christian Morales, productor técnico de Rent Light, quien goza de una experiencia de casi 20 años en el mundo de los eventos, coincide en que “todas las empresas de la región están siendo muy afectadas por la emergencia sanitaria”, situación que venía mal desde el estallido social.

El profesional manifiesta su preocupación por la gran cantidad de personal técnico que trabaja freelance en Chile, quienes quedaron sin posibilidades de ingreso. “Esperamos que las autoridades puedan visibilizar una pronta reactivación del rubro, así como medidas que nos ayuden a generar recursos y estar bien económicamente”, comenta.

Otro tipo de ayuda

Asimismo, Enrique “Pollo” Espinoza, dueño de Audio Serena, empresa dedicada al arriendo de equipos para eventos, lamenta que “nosotros somos los primeros en caer y los últimos en levantarnos. Estábamos resurgiendo de la crisis social y empezó la pandemia, nos pegó súper fuerte”.

Hoy está concentrado en reinventarse y cumplirle a sus trabajadores. En primer lugar, está promocionando el traspaso de cassette vhs a formato digital, y afinando detalles de un pub virtual que está armando en su bodega, pensando en que las bandas puedan hacer shows a cambio de un aporte voluntario.

En paralelo, Espinoza cuenta que “me estoy preocupando de pagarle a mis técnicos sus imposiciones para que les puedan seguir pagando el seguro de cesantía. No los puedo contratar de otra forma porque no tenemos eventos (…) Yo estoy ocupando mis ahorros, por suerte mi señora tiene un trabajo y entre los dos estamos parando la olla”.

Sobre el apoyo del Gobierno a través del Fogape (Fondo de Garantía para Pequeños Empresarios), afirma que “no me sirven mucho los créditos porque tendría que ocupar esa plata en inversiones, pero qué voy a comprar si no hay espectáculos. Si me dijeran que puedo utilizar esa plata para pagarle a mi gente o mis deudas sería distinto”.

Optimista

Por último, Jorge Vega, productor general de VGA eventos, quien cuenta con más de 15 años de experiencia en el área, tiene una mirada un poco más optimista. “Esperamos que en noviembre o diciembre pueda haber alguna actividad venidera para poder retomar nuestra carrera”, indica.

Está consciente que el panorama es complejo y que el Gobierno tiene su foco “en la gente que realmente lo necesita”. En esta línea, llama a esperar el tiempo que sea necesario para salir lo más pronto del difícil momento, esperanzado en que “no haya otra crisis social porque nos mataría como rubro”.

 

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