Viví mi primera infancia en Sewell, Coya y Rancagua.  A los diez años llegamos a La Serena, donde permanecí hasta Cuarto Medio. ¿La razón? Ciertamente el trabajo de mi papá, primero en El Teniente y luego en El Indio, esa gran empresa que llegó a Chile como fruto del Estatuto de Inversión Extranjera, y que transformó notablemente la vida en la Cuarta Región en la década de 1980.Recuerdo aquellos años cuando comienza nuevamente el Mes de la Minería, actividad sin igual en Chile, una de las razones del progreso nacional y fuente decisiva de recursos en los dos siglos de vida republicana. Nunca es mal momento para pensar en la minería, si bien Chile hoy es un país más próspero y diversificado que aquel monodependiente de hace medio siglo: el cobre era considerado “el sueldo de Chile” o “la viga maestra de la economía”, como llegaron a decir algunos políticos; “ya no seremos pobres”, resumió Quilapayún en “Nuestro cobre”, el himno de la nacionalización del metal rojo en 1971.Sin embargo, hoy podemos acercarnos a comprender el valor de la minería de una manera menos fantasiosa y ponderando las transformaciones de la sociedad en las últimas décadas. En cualquiera de los casos, es evidente que sigue siendo una actividad importante en lo económico y social, conserva el potencial de uno de los países del mundo más beneficiados por la naturaleza. Pero sabemos que eso no basta: sociedades con petróleo a raudales, como Venezuela, viven sumidos en la pobreza; los países que compartían con Chile el liderazgo en la producción de cobre en los años 70 u 80 ya no ostentan esas posiciones, mientras nuestro país continúa como uno de los líderes mundiales.En pleno siglo XXI, conviene tener en cuenta esa realidad en el desarrollo de la minería, así como es necesario enfrentar desafíos que antes recibían menos atención, como el cuidado del medio ambiente. Pese a ello, es importante comprender la necesidad de continuar fomentando la inversión minera -nacional y extranjera- que contribuya a desarrollar nuevos proyectos, que genere fuentes de trabajo y sea motor de progreso de las regiones. Chile es un país minero y hacer las cosas bien permitirá que lo siga siendo. 

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