oda esta semana hemos sido testigos de cómo todos hablan de Uber. Sin duda un novedoso sistema de transportes, que funciona en Santiago y otras ciudades de nivel mundial como Londres, París, Ciudad de México y etc. Acá podemos apreciar como la tecnología se pone a disposición de las personas, quienes mediante la herramienta digital que posee, hace que el acceder al transporte de pasajeros sea más fácil y rápido.Asimismo, y no menor, es más barato que el sistema de transporte tradicional. Raya para la suma, en los hechos es un muy buen producto para el usuario final. Sin embargo, desde mi punto de vista personal y encontrando muy bueno este producto, la verdad es que éste se encuentra al borde de la ilegalidad y asimismo viola las normas de la libre competencia. Es ilegal, porque en definitiva encubre por la vía del transporte privado de pasajeros, el transporte público de los mismos, incumpliendo una serie de normas que regulan esta modalidad de transporte y que necesariamente deben cumplir los conductores y propietarios de vehículos que ejecutan este giro.  Al mismo tiempo, viola las normas de libre competencia, desde el momento que ofrece el mismo servicio, sin incurrir en todos los costos asociados al que está obligado el un transportista y por ende afecta la igualdad en el desarrollo de una actividad económica. Esta diferencia en los costos se puede apreciar por ejemplo en que para conducir un colectivo o un taxi debes tener una licencia Clase A; los vehículos deben cumplir con una cilindrada mínima; se debe adquirir un seguro especial por daños contra terceros en caso de accidente; los autos están sujetos a Revisiones Técnicas semestrales; debes acceder a un derecho o cupo obligatorio para circular; en fin se debe cumplir con muchos requisitos que Uber, ejerciendo la misma actividad no necesita. Ahora bien, que se puede hacer, porque Uber llegó para quedarse y socialmente ya está aceptado. La respuesta a mi entender, pasa porque de una vez por todas nos preocupemos de verdad por el Transporte Público de Pasajeros. No nos olvidemos que los Taxistas y Colectiveros, realizan una actividad económica “PRIVADA” pero están sujetos a una normativa “PÚBLICA”.  Esto significa que el desarrollo de su negocio, a pesar de que es una actividad privada, la determina una ley de orden público y por ende sólo, a diferencia de Uber, pueden hacer los que señala la LEY. En definitiva, así como durante más de 30 años el Estado les ha exigido a los transportistas, es hora que Estado invierta en los transportistas para mejorar el sistema, de manera que primero puedan competir contra estas nuevas tecnologías y enseguida se mejore el traslado de los usuarios en forma cómoda, rápida y segura.  

 

 

 

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