• En la imagen Isabela Cabrera, presidenta y representante legal de la Corporación Fuerza Trans IV Región, quien exige una vida digna para ella y sus compañeras.
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Lautaro Carmona
Desde octubre del año pasado que no han podido llevar alimento a sus hogares, situación que las tiene sumergidas en la más completa vulnerabilidad. En medio de la crisis sanitaria que enfrenta el país, las socias de la Corporación Fuerza Trans IV claman por ayuda y piden no ser olvidadas.

Un verdadero drama es el que están viviendo las socias de la Corporación Fuerza Trans IV Región, las que en su mayoría se dedican al comercio sexual. Y es que en medio de la pandemia que afecta al país, no han podido trabajar, situación que se arrastra desde el estallido social.

La vulnerabilidad es extrema. Muchas de ellas no tienen para comprar alimentos ni útiles de aseo, menos para pagar el arriendo de sus viviendas que se han visto obligadas a dejar, sobre todo en zonas rurales. Hoy viven hacinadas en departamentos comunes, clamando por una ayuda de Gobierno.

En conversación con El Día, Isabela Cabrera, presidenta y representante legal de la organización, lamenta que “nuestra población trans travesti sea violentada porque no tenemos casa, somos solas y varias compañeras viven con VIH. Algunas se terminan suicidando por la discriminación de sus propias familias”.

“El sistema nos arroja a ser peluqueras, manicuristas o trabajadoras sexuales porque no tenemos otra opción, hemos sido discriminadas, violentadas y olvidadas por muchos años. No hemos sido reconocidas", Isabela Cabrera, presidenta de la Corporación Fuerza Trans IV Región

En el contexto de la crisis por el coronavirus, no han podido acceder a ningún beneficio estatal, ya que según explica, no son parte del Registro Social de Hogares al no poder realizar el trámite de cambio de nombre y sexo legal. “A nosotras se nos vuelve cada día más difícil”, acusa.

El panorama es complejo y la sensación de abandono se vuelve más latente. Para Isabela, la comunidad trans es la última prioridad del Gobierno en la emergencia sanitaria, argumentando que “nadie habla de nosotras, muchos nos confunden con transformistas, que no es lo mismo”.

En este punto, responsabiliza a la falta de educación sexual que existe en Chile, lo que deriva en la ignorancia de la sociedad. “Quiero dejar bien claro que el transformismo es un arte y el ser transexual se relaciona con la identidad de género. Nacimos en un cuerpo distinto y tienen que aceptarnos”, precisa.

Sin opciones

Asimismo, Isabela Cabrera demanda una ley de identidad de género más inclusiva, donde puedan optar a cupos laborales, becas de estudio y salud digna como cualquier ciudadano, en definitiva, exigen ser consideradas en una sociedad que respete sus derechos constitucionales.

“El sistema nos arroja a ser peluqueras, manicuristas o trabajadoras sexuales porque no tenemos otra opción, hemos sido discriminadas, violentadas y olvidadas por muchos años. No hemos sido reconocidas. No somos un objeto ni algo raro, tenemos los mismos derechos que todos”, expresa.

Importancia de educar

Antes del 18 de octubre del 2019, fecha en la que se desató la crisis social en el país, la Corporación Fuerza Trans IV Región estaba trabajando en capacitaciones para funcionarios municipales de la zona, iniciativa que quedó en pausa debido a la contingencia nacional.

El objetivo del proyecto enfocado en aquellas personas que atienden público, es que “sepan cómo tratarnos porque mucha gente no es que nos quiera discriminar, sino que no saben cómo abordarnos puesto que no hay una educación sexual en Chile, no existe un ramo de género”, comenta Cabrera.

En la misma línea, agrega que la segregación para la comunidad trans es aún más compleja en la región de Coquimbo, donde la sociedad es “machista y heteronormada”.

Colaboración entre pares

En las últimas semanas, la Corporación Fuerza Trans IV Región ha organizado una serie de actividades para ir en auxilio de sus socias. La semana pasada realizaron una rifa con premios donados y una campaña solidaria a través de redes sociales para recaudar fondos y así paliar en parte los efectos de la pandemia.

Si bien reconocen apoyo de la Oficina de la Diversidad de la Municipalidad de La Serena, desde donde se gestionaron 10 gif card ($25 mil cada una), aseguran que no es suficiente. “Con esa plata le hicimos entrega de bolsas de ocho mil pesos, lo que es una migaja porque nadie puede vivir con eso un mes”, señala.

“A través de Pamela León (encargada de la oficina), quien se la juega por nosotras y hace lo que más puede, pudimos conseguir esa ayuda”, valora.

 

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