A bordo de la embarcación PSG Ortiz, perteneciente a la Armada de Chile, el grupo de investigadores regionales que lidera la búsqueda del Vapor Itata en las costas de la Región de Coquimbo iniciará una nueva expedición para lograr el hallazgo de sus restos, los que estarían a más de 200 metros de profundidad frente al pueblo de Los Choros.
La búsqueda se realizará entre el 6 y 9 de agosto y es coordinada por Carlos Cortés y Ricardo Bordones, apoyados por la Universidad Católica del Norte. Además, participarán de esta expedición la ONG Oceana y la empresa Diving Service.
De acuerdo a lo que explicó Carlos Cortés, biólogo marino UCN, la exploración se iniciará con el multihaz de la embarcación PSG Ortiz, sondeando entre las “Islas Pájaros” y el “Bajo El Toro”.
“Si no obtenemos resultados con este instrumento realizaremos una búsqueda con el magnetómetro de Diving Service. A la luz de resultados positivos sumergiremos el ROV de Oceana para hacer las filmaciones submarinas”, indicó el investigador.
Cabe señalar que ya se han realizado dos excursiones en la zona a bordo del Cabo de Hornos, buque oceanográfico de la Armada que cuenta con la última tecnología en cuanto a investigación científica a nivel latinoamericano, sin embargo, su utilización en expediciones es muy costosa, por lo que se han barajado nuevas opciones, como el uso de la embarcación PSG Ortiz.
EL BARCO.- Construido por la empresa R&J. Evans & Co., en Liverpool Inglaterra. Su casco era de fierro y su propulsión a hélice. Tenía una máquina de triple expansión fabricada por Fawcett, Preston & Co. Ltd., Liverpool, acomodaciones para 110 pasajeros en cámaras y 300 en cubierta. Además, podía transportar 210 vacunos en pie. Su combustible era carbón. Tenía dos cubiertas y una de paseo. Durante el conflicto transportó 2.875 pasajeros en cámaras y 40.363 en cubierta, fue devuelto a sus dueños después de la guerra.
Fue requisado y armado como crucero auxiliar por los congresistas en la Guerra Civil de 1891.
Enviado a EE.UU. a buscar fusiles para los congresistas, se produjo una situación de tensión con ese país, que terminó con la incautación del buque durante la guerra.
Posteriormente, la Corte Suprema de EE.UU. dictaminó que la incautación había sido una medida abusiva del gobierno norteamericano. El 30 de septiembre de 1891 el buque y su cargamento fueron dejados en libertad y el buque zarpó desde San Diego, California, a Chile el 06 de octubre arribando al país una vez terminado el conflicto.
Fue devuelto a sus dueños y en 1898 fue arrendado al gobierno por dos meses.
El 05 de agosto de 1918 fue vendido a la firma Bruna, Sampaio y Compañía. Luego fue vendido a la Compañía Nacional de Vapores (Ex Etchegaray), que lo reconstruyó en 1920 en Valparaíso.
EL NAUFRAGIO.- De acuerdo a la historia que se conoce, el Itata zarpó del puerto de Coquimbo un 28 de agosto de 1922 a las 11 horas de la mañana con cerca de 400 tripulantes a bordo. El barco se dirigía rumbo a las ciudades nortinas de Antofagasta e Iquique, llevando a bordo a cientos de pasajeros y tripulantes, quienes viajaban llenos de ilusión y esperanza buscando mejores oportunidades de vida y trabajo, panorama que ofrecía en esa época el auge del salitre. Sin embargo, la embarcación nunca llegó a destino.
A pocos minutos de haber zarpado, la embarcación comenzó a presentar problemas, deficiencias que finalmente llevarían a su hundimiento, en el sector de Cruz Grande en la comuna de La Higuera.
Tras su hundimiento frente a las costas de la Región de Coquimbo, fueron 374 las personas que perdieron la vida y sólo veintiséis sobrevivientes pudieron llegar a la orilla, su primer contacto con tierra, después de mucho flotar y remar con lo que se tuviera a mano, fue en la playa Los Choros, al norte de la región de Coquimbo. Allí, hasta el día de hoy, se encuentra instalado un monolito que recuerda a las víctimas del naufragio, considerado como el más grande en la historia marítima del país.
Actualmente es posible apreciar en varios puntos de Los Choros murales alusivos a la tragedia del Itata, catástrofe que aún se mantiene viva entre los habitantes más antiguos de la localidad y a los cuales cada Sábado Santo se les recuerda a través de una romería.







