Durante la semana ha tenido lugar en el parlamento una discusión en torno a una materia tan relevante y controvertida como lo es la identidad de género de las personas y los mecanismos que permitirían una consagración normativa en el contexto  nacional. La reflexión académica en torno a la identidad de las personas ha llegado a la conclusión que existe una dimensión física y una psicológica e intelectual respecto a la constitución de la personalidad de los individuos. En el desarrollo de esta, se va generando una dinámica en la que influyen desde el momento de la concepción, diversos y variados factores de carácter biológico, históricos, sociales, relacionales, religiosos y por supuesto, aquellos vinculados a las creencias y el pensamiento, los que en definitiva hacen que cada sujeto desarrolle en torno a la trayectoria de su experiencia y relación con su entorno, la edificación de su forma de ser, aquella que los hace exclusivos y con personalidad distinta de los demás. En lo que respecta a nuestro ordenamiento Jurídico, existen diversas razones que permiten resguardar el derecho a la identidad y en particular el de la identidad de género. La dignidad Humana, valor constitucional de carácter esencial, implica la capacidad del sujeto para auto determinar su vida, debiendo el Estado promover las condiciones para la mayor realización espiritual y material posible de las personas. Uno de los elementos fundamentales de la identidad personal es por cierto, la identidad sexual. Esta última, durante gran parte de nuestro tiempo, ha sido abordada exclusivamente desde una perspectiva biológica y en tal contexto como un “trastorno de carácter psiquiátrico”,  llegando incluso a considerarse una enfermedad de transexualismo por la OMS, sin embargo, una visión integral y fundada en la dignidad del ser humano debería considerar la posibilidad de las personas a no sólo determinar su orientación sexual, sino también la de establecer su identidad de género. El derecho a la igualdad y a la no discriminación son derechos consagrados en la gran mayoría de los instrumentos internacionales de Derechos Humanos. Chile debe seguir avanzando en la promoción y protección de las personas y sus derechos. La Identidad de Género,  por cierto es uno de ellos, que requiere de un cambio cultural y de un entendimiento general de los alcances de la dignidad de las personas, sin distinciones.  

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