Fidel Castro, líder  de la revolución cubana, ha muerto a los 90 años, cerrando de esta manera 60 años de historia, desde que desembarcó en Cuba con un grupo de rebeldes  en 1956, impulsando la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista. Líder carismático y controvertido, estuvo 47 años  al frente del régimen socialista  en torno a su liderazgo; hace 10 años debió abandonar el poder  por problemas de salud, dejando a su hermano Raúl Castro, quién lo sucedió como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.A pesar que era algo esperado, su muerte ha provocado la más amplia gama de reacciones en todo el mundo, incluyendo  la gran comunidad cubana exiliada en USA, especialmente en Miami. Las reacciones divergentes frente a su deceso dan cuenta de su controversial liderazgo y su muerte marcará un punto de inflexión en la historia de un pequeño país, que a simple vista parece haberse detenido en el tiempo, mientras que millones de cubanos que viven en la isla se sienten hoy huérfanos, especialmente aquellos que nacieron y han vivido sólo bajo la influencia de su liderazgo.Aunque su muerte no debiera ser causa de una celebración, es entendible que para muchos represente  la muerte simbólica de una ideología destructiva, que provocó el aniquilamiento de miles de cubanos que se oponían a Fidel, así como el encarcelamiento de inocentes; la separación de familias y la censura de la libertad de expresión. De manera directa o indirecta, en estos 60 años Cuba y su dictador apoyaron acciones terroristas por toda América Latina, donde aún persisten regímenes constituidos y mantenidos bajo el alero castrista.Ha sido curioso ver cómo estos gobiernos han rendido homenajes a Fidel, destacando especialmente su valentía. La verdad es que difícilmente se puede hablar de valentía, cuando nos estamos refiriendo a un dictador que jamás permitió una elección libre por décadas; ni la existencia de algún partido de oposición a su gobierno; ni ningún medio de comunicación hablado o escrito que pudiera contar libremente lo que estaba pasando con el pueblo cubano.Tampoco es de valientes fusilar a más de tres mil opositores y mantener aún encarcelados a miles más. Su figura debe ser juzgada a la luz de una realidad innegable; en su largo mandato, Cuba no logró salir adelante y su pueblo ha vivido décadas de miseria, opresión y abandono; hoy los cubanos en el exilio por fin pueden decir: ¡hasta nunca, Comandante!

 

 

 

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