No pude votar por el Presidente Patricio Aylwin el año 1989. Tenía 16 años, lo apoyé durante la campaña junto a mi familia, pero fui el único de la casa que no pudo ir a votar ese inolvidable domingo 14 de diciembre. Hace unos días sí pude acompañarlo a él y a su familia en cada uno de los merecidos homenajes que recibió tras su sensible fallecimiento, como vicepresidente de su partido al que ingresé durante su gobierno.
Qué duda cabe que don Patricio Aylwin ha sido uno de los políticos y presidentes mas importantes de nuestra historia republicana. Un hombre que en los años 80 tuvo el liderazgo para unir las fuerzas democráticas para derrotar una dictadura y encabezar un gobierno exitoso que permitió recuperar la democracia con paz social. Un líder que en materia de Derechos Humanos formó una comisión de verdad, reparación y reconciliación que concluyó con el Informe Rettig. Que fue capaz de hacer una reforma tributaria y una reforma laboral teniendo minoría en el Congreso. Que llevó al país a crecer a casi un 8% y reducir drásticamente la pobreza que al inicio de su mandato estaba por sobre el 40%, por mencionar algunos ejemplos para quienes gustan de evaluar con cifras en la mano.
La familia de don Patricio Aylwin y nosotros, la democracia cristiana, su partido de toda la vida, recibimos en estos días numerosas muestras de cariño y agradecimiento de parte de miles y miles de personas que reconocen que a partir de su gobierno les cambió la vida para mejor, a ellos, sus hijos y nietos. Que de entre todas las capacidades y virtudes de don Patricio, las que más valoraron fueron su integridad moral, honestidad y sencillez, ese ejemplo de vivir como se piensa y pensar como se vive. Su capacidad de promover acuerdos y no imponer sus ideas.
En estos días se ha reconocido al Presidente Aylwin y su forma de hacer política, lo que se vio reflejado en la Guardia de Honor que hicieron dirigentes de todos los partidos en el Congreso Nacional. Y también en el llamado que muchas personas nos hacían al paso, en la calle, para aprender de él y seguir su ejemplo, mientras caminábamos acompañándolo al cementerio.
Y a eso nos comprometemos al despedir al padre de la recuperación de la democracia y a este nuevo Padre de la Patria. A no olvidar que la actividad política es un servicio hacia los demás, especialmente hacia los que menos tienen y más necesitan. Así, don Patricio Aylwin seguirá viviendo.

 

 

 

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