La reforma del Código de Aguas, aprobada en primer trámite por la Cámara de Diputados durante esta semana, precisamente el día en que el ministro de Obras Públicas firmó un nuevo decreto de Zona de Escasez Hídrica para nuestra región, dista mucho de constituir una amenaza a la agricultura, como algunos plantean.A nivel nacional, la misma Confederación de Canalistas de Chile reconoce que el proyecto posee el acierto de priorizar el consumo humano, el saneamiento y los usos de subsistencia como destino preferente del recurso en situaciones de escasez. Entre estos usos de subsistencia se encuentran la producción de alimentos y por tanto, la agricultura que además genera empleo.Por eso cuesta comprender la inquietud planteada por algunos agricultores, porque esta reforma los incorpora entre quienes tendrán acceso prioritario a este recurso y porque no se afectan los derechos de aprovechamiento de aguas que ya han sido entregados y que son utilizados. La incorporación de causales de caducidad y extinción de los derechos no priva a ninguna persona de la titularidad de su derecho, en la medida que inscriba su título en el registro conservatorio competente y haga uso efectivo de éste. Como los agricultores efectivamente utilizan sus derechos de agua, no deben preocuparse.Los cambios se producen sólo respecto de los derechos por otorgar, los que son definidos como concesiones que se entregarán por períodos de 30 años renovables automáticamente. Como el argumento de la expropiación se vuelve insostenible al estar en este caso hablando de derechos que aún no se entregan, se habla de expropiación “encubierta” y que las concesiones constituirían una forma de título precario que haría imposible garantizar el acceso a créditos con ellas. Es absurdo plantear que un título jurídico robusto como éste, amparado por el Estado, con una duración mínima de 30 años, renovables, es una garantía insuficiente. Los plazos para rentabilizar inversiones son en promedio bastante inferiores al que las concesiones permitirían garantizar.Quienes deben estar inquietos son los especuladores de derechos de agua. El proyecto re-afirma el que un recurso escaso debe ser utilizado para satisfacer sus fines socialmente más valiosos, como el consumo humano y la producción de alimentos; y no para ser parte de la actividad especulativa de pocos.Por supuesto, estamos disponibles para perfeccionar este proyecto, siempre en el marco de un diálogo de buena fe. 

 

 

 

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