• Por esos días, la PDI había precisado que la cauda probable de muerte era un infarto al miocardio.
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El migrante falleció el 26 de diciembre de 2017 a los 42 de edad en la localidad de Cogotí 18 en Combarbalá.

El Ovallino

El ciudadano haitiano Louines Lafleur falleció el 26 de diciembre de 2017 a los 42 años de edad en una vivienda de la localidad de Cogotí 18, en Combarbalá.

Han transcurrido más de 16  meses desde su deceso y aún sus restos no pueden ser retirados y de hecho se desconocería si él tenía familia o cercanos en su país de origen. La situación da cuenta de la grave situación de indefensión  que algunos migrantes podrían sufrir en el futuro.

Al ser consultados sobre el caso, desde la Seremía de Justicia y Derechos Humanos precisaron que por el momento aún no se ha emitido una orden de entrega por parte de la Fiscalía y que los documentos se mantienen en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

En tanto, desde la Fiscalía indicaron que hasta esta fecha no se ha originado ninguna petición de retiro del cuerpo.

Una situación compleja

En cuanto a su muerte el 2017, cabe destacar que tras el reconocimiento externo policial, no se encontraron lesiones atribuibles a terceras personas,  y la PDI había precisado que la causa probable de muerte era un infarto al miocardio. El extranjero se encontraba trabajando en Combarbalá, con una solicitud de visa temporaria en trámite y con sus correspondientes permisos de trabajo otorgados por la Gobernación de Limarí.

En esos días el ciudadano senegalés Mamadou Gueye, quien fuera en ese entonces miembro de la Mesa de Migración en Ovalle, había contado a diario El Ovallino que, “se ha hecho todo lo posible para poder lograr tener algún papel vinculado a su familia, pero todavía no lo tenemos. No se puede sepultar porque necesitan a un familiar directo, eso se está pidiendo”.  

Han transcurrido los meses y el dirigente no desconoce que la situación del cuerpo de Lafleur es crítica. Al mismo tiempo Gueye recuerda que en febrero de 2018 acudió a diversas instituciones, entre ellas a la Embajada de Haití, para buscar ayuda, “fui personalmente a comentarles lo que estaba pasando (…) La embajada o consulado no coopera, ellos son los representantes legales de esa comunidad en Chile, y si no pueden apoyarlos, ¿quién lo haría?”.

El caso del ciudadano haitiano es sumamente complejo, ya que Gueye declara que al parecer éste no tendría familia en Haití, sólo amigos en Chile, los que tampoco podrían colaborar para retirar los restos.

Ciertamente él reconoce que este tipo situaciones deja en evidencia lo complejo que puede ser  retirar el cuerpo de un extranjero, sobre todo cuando no tiene no se encuentra el paradero de su familia.

 

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