• Don Mario Araya tenía un talento para la confección de avisos. La técnica de los 60 era totalmente distinta a las de ahora.
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A finales de los ’50 y con fuerza en los ’60 , Mario Araya se transformó en una pieza clave en la confección de avisos en diario El Día cuando todo se hacía a pulso y a través de dibujos. Ayer su deceso caló fuerte a esta casa periodística por el aporte que entregó durante décadas.

Con tristeza la familia de diario El Día enfrentó ayer la noticia del deceso de Mario Araya Pérez que  por varias décadas  laboró en esta casa periodística en el área de publicidad, corrección de textos y avisos económicos. Luego de acogerse a retiro a principios del 2000,  vivía en el sector  Antena, donde en su hogar se podía advertir algunos de sus trabajos. 

En El Día se había transformado en el primer dibujante. Ejerció esta labor hasta  1984. Posteriormente  se desempeñó como recepcionista de avisos en la misma casa periodística y  a principios del 2000 se acogió a jubilación. 

 Cuando  diario El Día cumplió 70 años en abril de 2014, don Mario  concedió una entrevista para la edición especial de aniversario donde destacó la revolución que se había generado con los avisos y el mundo de la publicidad. En su hogar se explayó en sus inicios como dibujante. Admitió que una de las labores que más satisfacciones le reportó en su estadía en el periódico  fue su paso por el área publicitaria.  “Por ejemplo, me pedían cómo podía hacer una caja de servicios que se advertían en las publicidades y con toda la cuchillería en detalle”, rememoraba con pasión. 

Esta función la hacía en paralelo con el trabajo de corrección de pruebas.

Salto importante 

Pero,  al principio de la década  del 60  se dedicó de lleno a esta labor luego que Don Antonio  Puga Rodríguez abrió  una oficina de Publicidad en calle Prat al lado del municipio de La Serena. “Ahí trabajé con un joven Francisco Puga Vergara. Don Antonio lo había instalado como jefe de propaganda luego de haber llegado de España. Me recuerdo que le comenzamos a efectuar las publicidades a Sodimac que se había recién instalado y  a Cañas y Galleguillos, después se quedó sólo Galleguillos. Ellos me daban la idea  y luego  se confeccionaban, se daba el visto bueno y se transformaban en cliché. Aunque inicialmente se iban a Santiago, pero posteriormente don Antonio compró un fotograbado. Ese  fue un adelanto  y un tremendo paso porque era demoroso esperar que los cliches llegaran de Santiago  y al confeccionarlos acá se ganó un tiempo extraordinario”.

  

 

La era del cambio

Pero,  él mismo reconoce que los tiempos y las tecnologías fueron cambiando. “En  el nuevo esquema de hacer avisos, ya no tenía necesidad de dibujar, porque los avisos se comenzaron a realizar con fotografías. Se perdió el dibujo y mi trabajo quedó obsoleto. Se podría haber hecho algo a mano, un dibujo especial, pero después toda la publicidad fue fotografía. Por ejemplo, una partida de refrigeradores que llegaba a una casa comercial  se le tomaba fotografías”.

En esa entrevista de prensa advertía estar  sorprendido por los avances que se habían logrado. “Hay un modernismo muy especial, muy adelantado”, sentenciaba. 

Con el tiempo Don Mario  se especializó en la recepción de avisos, sobre todos los públicos y los legales. “Mi última labor fue la de recibir los avisos de oficinas públicas, confesó. 

Incluso, en marzo de 2002,  recordaba que “Nunca imaginó que la tecnología evolucionaría tan rápido. Hace cinco años, no pensé que sería testigo de algo tan asombroso", reflexionó con nostalgia.  

 

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