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El presentador e investigador, ícono de los programas de misterio de la televisión chilena, conversó con Abriendo El Día, e hizo un análisis de lo que, en base a su experiencia y estudios, cree que ocurrió en el caso de Melissa Chávez. Pone el acento en los eventuales problemas psiquiátricos de la madre imputada y formalizada por parricidio e incendio, y está convencido que se trató de una acción delicadamente premeditada.

El caso de Melissa Chávez, niña de 12 años brutalmente asesinada en Coquimbo el pasado 26 de noviembre, ha conmocionado al país, sobre todo luego que su madre, Mirta Ardiles, fuera formalizada como presunta autora del macabro crimen. El Ministerio Público logró establecer en base a pruebas científicas y a partir de imágenes de video la participación de la mujer en el hecho, quedando en prisión preventiva. Ardiles le habría propinado 11 estocadas a la pequeña, para luego salir de la casa ubicada en el sector de Villa Talinay, en La Cantera. Antes de eso, prendió fuego al inmueble para ocultar la evidencia con Melissa Chávez todavía con vida. Lo que aún no se establece es el móvil que llevó a cometer el hecho de sangre. Aquello todavía se investiga y en el intertanto, se teoriza respecto a lo que pudo haber ocurrido, en base a los antecedentes que ya han sido develados y que son de público conocimiento. Una voz autorizada en esta materia es Carlos Pinto. El periodista y realizador audiovisual creador de emblemáticos programas dedicados a la investigación criminal como Mea Culpa, también ha seguido de cerca este caso, y en conversación Abriendo El Día, sostuvo que, en base a su experiencia, cree que se trata de un hecho premeditado y pone el acento en una posible patología mental de Mirta Ardiles. 

-¿Cómo ha visto desde afuera el caso Melissa? “Lo primero que se me viene a la mente es Hugo Bustamante, del Caso Ámbar, porque es casi calcada la historia. Son muchas las historias que colindan con aristas similares, pero cuando hay un padre o una madre que se ve involucrado en el exterminio de un hijo es tremendamente anti natura, y en el caso Ámbar estuvo cerca de eso, porque ella fue cómplice (la madre). En el caso de Melissa, la madre habría sido quien le quitó la vida. Al menos eso es lo que indica la evidencia, lo que constituye una conducta que debe ser castigada ejemplarmente, si se comprueba. Cuando hay casos de niños, en particular a mí me conmueven muchísimo, y con estos detalles, se trata de un crimen que no tiene nombre”.

-¿Ve rasgos de psicopatía en la madre de Melissa? Usted ha entrevistado a mucha gente con ese perfil… “Mira, a mí me gusta mucho la psicología, pero yo no soy psicólogo. También me imagino que la psiquiatría, que es la madre que estudia los trastornos mentales, orientan el trabajo que se está haciendo. Pero lo que te puedo decir es que siempre me sorprendo de las mentalidades aberrantes que existen, que no son mayoritarias. Uno no puede pensar que en las cárceles existe un 50% de psicópatas o sociópatas, yo diría que la cifra es mucho menor, yo creo que en nuestro país estamos al debe en poder detectarlos a tiempo. Creo que así fuera, nos hubiésemos evitado muchas muertes”.

-Cuando vio la entrevista, el testimonio de Mirta Ardiles, ¿cuál fue su impresión?“Mira, lo que veo en Mirta Ardiles son comportamientos que hoy día están siendo tradicionales en los culpables. Yo sé que muchas veces uno quiere ser como policía, pero la policía siempre va muchos pasos más adelantada, ahora, cuando una persona levanta la mano o es la primera en exigir justicia o en clamar por encontrar el paradero de alguien, no me provoca que sean inocentes, al contrario, me hace sentido de que hay que preocuparse de esa persona. Porque, por ejemplo, en el caso de Nibaldo Villegas, era su esposa quien lo buscaba con más ahínco, en el caso de Ámbar, era su madre la que reclamaba, y en el caso de Melissa, yo vi la entrevista que dio con su pareja, me dio la impresión, dada esa figura, que ambos estaban en alguna medida comprometidos. Pero él daba atisbos de emoción, y ella no. Ella estaba con un distanciamiento emotivo que sorprendía y no hay que ser un psicólogo para darse cuenta que hay algo extraño ahí”.

-¿Qué le dice a usted lo de la denuncia por abuso sexual cometida por el padrastro en su momento, y que luego vuelvan a estar juntos?“Bueno, llama mucho la atención, porque por más que no se compruebe existe una denuncia, entonces que ellos vuelvan a estar juntos a mí me parece algo bien patológico. Me da la impresión que hay que tener alguna patología mental para perdonar algo que es imperdonable y que va a dejar una estela de duda por el resto de sus vidas que estén juntos. Yo siento que, en este caso, todavía hay mucho paño que cortar”.

-La familia continúa confiando en la inocencia de Mirta… “Yo creo que esa lealtad se permite. Así es. Lo raro sería que un hermano atente contra el propio y lo juzgue tan rápidamente sin haber existido un proceso de por medio. Sobre todo, teniendo en cuenta que ese hermano tiene un perfil distinto de ella. A Mirta, su familia la conoce en un perfil de muy buena madre, lo que pasa es que aquí hay una ira, voy a pensar en la hipótesis de los celos, que se vuelve descarnada, donde ella se siente a la par y siente a su hija como una competidora. Entonces, todas estas cosas medio aberrantes te llevan a tener sorpresas que tú desconoces, por tanto, esos apoyos yo los encuentro naturales, pero convengamos también que si un profesional de la psiquiatría, que es el único que la podría diagnosticar como psicópata me dice que lo es, a mí este comportamiento me calza perfectamente, por ejemplo, con el hecho de que todos le crean, porque son personas muy inteligentes, con cero empatía, muy manipuladores, incapaces de emocionarse, de lanzar una lágrima, pero eso lo va a tener que determinar un profesional”. 

-¿Qué le dice el tema de que se hable de un crimen pasional? “Bueno, primero hay que tener en cuenta que se trata de una niña de 12 años, más allá de que su estatura le permita ser más alta que su madre, y que entiendo que también era de una contextura bastante maciza. Frente a los ojos de cualquier hombre es difícil tener a una niña de un 1.65 metros, y que pese más que una niña común y corriente, y que se pueda sentar en las piernas de su padre, porque a veces la mente humana confunde aquello y puede pensar que está frente a una mujer, y cuando el padre no es el padre biológico, podría tener una actitud distinta. No hay nada que dé fe que esto que estoy diciendo haya sucedido, sólo digo que es factible”. 

-Usted sigue sorprendido con la tranquilidad con la que actuó posteriormente Mirta Ardiles….  “La verdad es que te golpea, porque ver a una madre que acaba de perder a su hija, que es algo irreparable y que esté hablando con una cotidianidad que sorprende, ver al padre con la fotografía de su hijastra, también. En esta entrevista, ambos explican que ella es grande y que cuando él llega del trabajo la abraza, que se pegan empujones, y en fin, es muy raro, porque claro, cuando no se es la hija, siento que alguien puede equivocarse. En el caso de ella, ya se equivocó, aparentemente, en el caso de él, no hay nada que diga que tuvo que ver. Todo es muy raro, porque para haberse producido lo que se produjo tienen que haber muchos incidentes”.

-¿Cree que fue premeditado, o algo que pasó tras una discusión espontánea? “Yo creo que tuvo premeditación. No se le ocurrió en el instante. Aquí se comprueba que la madre y la hija siempre andan juntas, y la pregunta que le asalta a cualquier detective es qué pasó que ese día no salieron. Y luego, cuando habla, ella siempre está subrayando cosas que sustentan su inocencia. El remarcar lo de la puerta y el pestillo, el señalar que se despide de Melissa desde la puerta de la calle, gritándole que está saliendo, es como advertirle a todo el entorno que ella no estaría. Que alguna vecina escuchara que ella había salido sola”. 

 

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