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A un año del fenómeno, el alcalde de La Serena rememora lo que fue la preparación y la experiencia de haber vivido el evento del siglo, “lo tengo grabado”. Confiesa que hasta el último día uno de los grandes temores fue el tiempo, sin embargo, agradece el “maravilloso” sol que hubo esa jornada.

A sus 69 años, dice que es lo más asombroso que ha visto, que esa jornada del 02 de julio era “puro nerviosismo”, pero cuando el reloj marcó las 16:39 horas todo eso se desvaneció y exclamó junto a miles de chilenos cuando la luna cubrió completamente el sol.

A un año de lo que fue el eclipse total, el alcalde de La Serena, Roberto Jacob, recuerda lo que fue esa experiencia, la preparación de la logística con varios meses de anticipación, la llegada de cientos de visitantes cuyo único objetivo era disfrutar esos dos minutos de total y absoluta oscuridad, precisamente en la región estrella. “Fue maravilloso”, rememora.

Por más que intenta traer al presente ese pasado cercano, no puede desmarcarse del actual escenario sanitario y asegura que esos fenómenos “hacen reflexionar” sobre la incuestionable simbiosis entre ser humano-naturaleza, “llega un momento donde uno dice ¡qué pequeños somos!”.

-¿Cómo fue el trabajo de preparación? porque implicó preocuparse del área urbana pero también del rural

“Fue una planificación de más de un año, sabíamos que era una oportunidad única, porque el último eclipse en la zona ocurrió hace más de 400 años. Nos preocupamos de todos los detalles, hicimos muchas consultas para tener el mejor equipo, indagamos muchas experiencias y la ciudad cambió totalmente, estábamos todos en modo eclipse. En el sector rural tuvimos que preparar estaciones con servicios básicos y agua potable, era una oportunidad y teníamos que ofrecer la mejor comodidad, pero todo eso se podía derrumbar y era una tremenda apuesta”.

-¿La mala jugada la podía dar el tiempo?

“Exacto, la gran duda era si íbamos a tener un día martes nublado o despejado. Fue ante esa posibilidad que decidimos transmitirlo en el Estadio La Portada, pusimos pantallas gigantes y acordamos junto a los observatorios Las Campanas y el Tololo para que nos mandaran las imágenes de manera satelital. En aquella oportunidad nos acompañó el profesor José Maza, tuvimos más de 10 mil personas en ese punto y terminamos viendo el eclipse en vivo y en directo. Y fue todo un éxito porque tuvimos un sol maravilloso, la gente pudo observarlo desde la playa con mucha tranquilidad, fue un evento de primer nivel y esa fue nuestra satisfacción”.

-En lo personal ¿cómo se sentía en la medida que se acercaba el 2 de julio?

“Nervioso porque nunca había visto un eclipse, fue algo nuevo para mí. Todo ese tiempo hablábamos mucho del fenómeno, pero es algo totalmente diferente cuando lo ves. Y hay algo muy gracioso porque nunca antes había preguntado tantas veces cómo estaría el tiempo, en ningún momento dudamos del trabajo que hicimos, pero desconfiábamos del tiempo”.

-Y el tiempo le dio la razón…

Ríe. “Es que yo siempre dije que estaría despejado, yo trabajé muchos años en el Servicio Agrícola Ganadero y por una cuestión de historia sé que los primeros días de julio hay heladas y para que eso ocurra tiene que estar despejado…y así sucedió”.

-Por esos días todos los medios hablaban de la ‘zona cero’, de La Serena y del alcalde ¿Cómo fue ese proceso de exposición en la prensa?

Suspira. “Fue el periodo que más entrevistas he tenido en mi vida. Hablé con muchos canales que hoy día ni me saludan, pero claro en ese momento La Serena fue el centro del evento y yo siempre estuve dispuesto a contestar, fue todo muy maratónico porque tuvimos entrevistas, conversaciones, pero todo muy bien”.

Emociones indescriptibles

-Usted lo vio en La Portada con el astrónomo José Maza ¿Cómo fue ese momento?

“Sí, estaba al lado mío y voy a confesar algo…cuando la luna cubrió el sol lo miré y estaba lagrimeando y me dijo que lo disculpara, pero que era la primera vez que veía un eclipse total de sol. Es que fue realmente maravilloso”.

-¿Cuál fue su fase favorita?

“Para mí lo más maravilloso fue cuando la luna comenzó su retirada y ese primer haz de luz fue como una linterna gigantesca, lo tengo grabado y no creo que lo pueda olvidar. Sentí emociones que hasta el día de hoy no puedo descifrar, la atmósfera fue una cosa indescriptible, la gente exclamó, bajó la temperatura y las aves comenzaron a buscar sus nidos y sus lugares para dormir”.

Reflexiones

-¿Cómo se comportó la gente? ¿Cómo califica esa jornada?

“La gente que sigue estos fenómenos tiene una cultura especial, es gente que vive la vida de otra manera, son ecológicos y respetan las normas, da gusto recibir ese tipo de turistas y para qué decir la gente de La Serena que se portó muy bien y no hubo ningún inconveniente, tuvimos un comportamiento ejemplar de acuerdo a la magnitud del evento”.

-¿Cómo es recordar ese momento en un escenario sanitario tan complejo como este?

“Yo tengo una filosofía de vida y es que todo lo que comienza tiene que terminar, lo malo es que ahora no sabemos cuándo terminará todo esto. Nadie estaba preparado para contener una pandemia, nadie lo imaginó y nos está diciendo que nos tenemos que unir y dejar de lado las diferencias, solo así la podremos enfrentar”.

-Hay gente que dice que cuando observó el eclipse se sintió pequeño y se conectó con la naturaleza ¿Qué reflexiones puede sacar a un año de ese evento?

“Llega un momento en el que uno se siente pequeño y dice ¡qué insignificante somos!, no hay forma para descifrarlo. Estos ciclos son parte de la vida, nosotros estamos supeditados a la naturaleza, somos parte de ella. Esto es algo que recordaremos por siempre, hay que ver un eclipse para saber qué es, la emoción es indescriptible”.

-¿Hoy, ante una pandemia sin precedentes esa sensación regresa?

“Hemos copado los espacios de manera indiscriminada, no hemos respetado nada con tal de avanzar. Recién estamos tomando consciencia que debemos cambiar, no sé si no queríamos entender o no nos habíamos dado cuenta. Hay gente que cree que esta pandemia es un invento y yo creo que nos viene a decir que debemos ordenarnos un poquito y tratar de empatizar con el que está al lado sin importar si es una persona, un árbol o un animal, necesitamos aprender a convivir  sin dañar. Es la única forma de seguir”.

 

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