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Los esforzados guerreros de la Unidad de Paciente Crítico del Hospital de La Serena han trabajado sin parar durante toda la pandemia para recuperar la salud de los pacientes con covid-19 más graves.

Los esforzados guerreros de la Unidad de Paciente Crítico del Hospital de La Serena han trabajado sin parar durante toda la pandemia para recuperar la salud de los pacientes con covid-19 más graves. 

La pandemia ha golpeado duramente a cada uno de nosotros, sin excepción. Los más afectados, sin duda, han sido quienes han perdido la batalla en la lucha contra el despiadado virus, quienes han debido despedirse para siempre de sus seres queridos o quienes han permanecido al pie del cañón dentro de los hospitales, dando la vida por salvar las de otros, muchas veces sin parar, ir al baño, comer o dormir.

Esta ha sido la realidad de la doctora Gladiana Ayala, una valiente mujer que en 2016 llegó sola a nuestro país, sin imaginar que años más tarde viviría el mayor desafío profesional de su carrera, lejos de sus tierras venezolanas. Hoy, debe dejar diariamente su hogar para ponerse las numerosas capas de elementos de protección que le permiten ingresar a su trabajo y así, comenzar a dar la pelea por cada uno de sus pacientes, que se encuentran gravemente enfermos de coronavirus. 

“Los turnos son agotadores, no termina de salir un paciente cuando ya está entrando otro, son momentos muy estresantes, de altos y bajos, porque de repente tienes un paciente que puede estar más o menos estable y en dos minutos ya lo estás ventilando e intubando. Hay algunos que los luchas, los luchas y los luchas y simplemente, al final, no se logra”, confesó la médico residente de la Unidad de Paciente Crítico (UPC) del Hospital de La Serena.  

A casi un año del comienzo de la pandemia en la Región de Coquimbo y en plena segunda ola, esta esforzada profesional de la salud de la primera línea serenense relató la dura realidad que viven los trabajadores al interior de la UPC, lugar en que se encuentran hospitalizados los pacientes con covid-19 más graves, tanto en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) como en la de Tratamiento Intermedio (UTI), donde el personal ha realizado esfuerzos sobrehumanos para hacer frente a esta cruda crisis sanitaria. 

“Los pacientes mueren, enferman gravemente y necesitan de muchos cuidados. No son uno ni son dos, no es una teoría conspirativa, realmente está pasando. Cuando tú pasas día y noche despierto trabajando, ni ves a tu familia, ni compartes con ella, duele ir al supermercado y ver un montón de gente, a las personas en la Avenida del Mar peleándose por estacionamiento y luego, compartiendo con menos de un metro de distancia, duele que no valoren realmente tu labor porque nosotros somos los que estamos aquí, muy cansados después de un año sin parar, así que sí, duele ver la inconsciencia de la sociedad actual”, manifestó.  

Enfermarse de coronavirus es una experiencia de vida verdaderamente difícil y nadie está libre de sufrir las consecuencias más graves de esta patología. Cuando una persona con covid-19 llega a una UCI y requiere ventilación mecánica, inicia una compleja lucha por su vida y luego, si logra recuperarse con éxito, comienza un largo proceso de rehabilitación.

“Se necesitan drogas para acoplar al paciente al ventilador y dormirlo profundamente, también relajantes musculares que hacen que los músculos se relajen tanto, que cuando logramos despertarlos, pierden la fuerza. Si logra salir de la UCI, para intermedios y luego a medicina, comienza una rehabilitación que no es de un día para otro, es lenta, progresiva y muy dura para la persona, porque está tan lesionada, con tanta atrofia muscular, que en realidad se le hace todo cuesta arriba. Si es una persona joven, tiene una posibilidad más rápida de salir, pero todos sufren de una manera u otra”, relató. 

“MI HIJA ME DICE QUE SOY LA MUJER MARAVILLA”



Pese a que las huellas que ha dejado el prolongado cansancio físico y mental son cada día más evidentes entre personal de salud, hoy la doctora Ayala no camina sola por nuestro país, y es que si bien, en un comienzo vivió lejos de su familia y debió ver los primeros pasos de su hija menor mediante video llamada desde Venezuela, hoy enfrenta este difícil momento acompañada de sus seres más queridos. 

“Este último año ha sido desgastante y catastrófico en la vida de muchos y en la salud de todavía más. Desde lo personal, ha tenido un alto costo en lo familiar, por el tiempo que tenemos que pasar dentro de las cuatro paredes de la UPC. Nuestras familias lo entienden y nos apoyan, pero no es fácil pasar tanto tiempo lejos de los amores que tenemos en el corazón. Mi hija me dice que soy la Mujer Maravilla, creo que mi motivación siempre es mi familia, me ven como así súper grande y yo sólo siento que hago lo que tengo que hacer. Todos los días me despierto y llevo salud a las personas, también para que mis hijos puedan volver a la normalidad en algún momento”, expresó emocionada. 

EL TRABAJO EN EQUIPO COMO CLAVE PARA CONTINUAR



Dentro del hospital, esta médico internista de 40 años también camina acompañada, trabajando codo a codo con un gran equipo de profesionales que se han convertido en su segunda familia. Médicos, enfermeras, técnicos en enfermería, kinesiólogos y auxiliares que conviven día a día con el covid-19 y juntos, combaten la enfermedad para recuperar la salud de la población. 

Al respecto, Gladiana sostuvo “que la única forma que hemos tenido para poder sobrellevar esta situación es con el equipo, con el hermano que tienes al lado trabajando. Nos hacemos reír, nos apoyamos y cuando cualquiera está cabizbajo o deprimido, todos salimos en apoyo de esa persona”. 

LA LUZ DE ESPERANZA DETRÁS DE LA VACUNACIÓN



Después de haber recibido las esperanzadoras dosis de la vacuna contra el covid-19, junto a más de 1.540 trabajadores del Hospital de La Serena, Gladiana se siente una mujer afortunada. Y es que ha corrido con una suerte muy distinta a otros profesionales de la salud del mundo e incluso, de su propio país, colegas y amigos que han dado la vida en condiciones diametralmente diferentes, muchos de ellos, hoy fallecidos y otros tantos, enfermos.

“Para mí significa volver a la vida, poder salir sin tanto miedo, eso es la vacuna, perder el temor, no porque vas a dejar de cuidarte, sino porque sientes que por lo menos lograste ponerte un escudo, además de las 4, 6 o 9 capas de elementos de protección que tenemos que ponernos encima siempre. Esto nos ayuda a seguir trabajando por los pacientes que luchan contra la enfermedad”.

En tanto, Sara Palta, enfermera supervisora de la Unidad de Paciente Crítico del Hospital de La Serena, destacó que la vacunación “significa que podemos tener ‘pila recargada’, confianza y seguridad para seguir luchando por nuestros pacientes. Tenemos la camisa puesta para seguir atendiendo a las personas más graves, porque si bien es cierto, estamos agotados y cansados, lo que más destaco yo es el esfuerzo que ha puesto todo el personal y el cuidado que han tenido, porque tienen claro que si ellos no están aquí presentes, nadie más va a hacer el trabajo que nosotros hacemos”.

 

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