• Sólo un 17% de los trabajadores ocupados en la región corresponde a personas menores de 29 años, un 3% menos que hace casi diez años.
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LAUTARO CARMONA
Sólo un 17% de los trabajadores ocupados corresponde a personas menores de 29 años, totalizando a más de 17.500 personas. Las razones principales que impiden la inclusión de este grupo en el mercado de trabajo serían las responsabilidades familiares y la no necesidad de trabajar. Por el contrario, se percibe un fuerte incremento de adultos mayores que deciden trabajar.

Más adultos mayores dispuestos a trabajar y menos jóvenes buscando trabajo.

Esa es quizás, la principal conclusión del último informe del Observatorio Laboral Regional, OLR, instancia perteneciente a la red de Observatorios Laborales desarrollada por el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, SENCE, y que es ejecutado por la Escuela de Ciencias Empresariales y el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Católica del Norte.

Según el análisis realizado por este organismo, en los últimos 9 años se ha observado un incremento sostenido del porcentaje de participación de adultos mayores en el mundo laboral, donde se observa que un 20% del total de trabajadores ocupados son mayores de 60 años. Un notable aumento si se compara con el año 2010, cuando solo un 11% del total de trabajadores correspondía a adultos mayores.

Contrariamente, los jóvenes han disminuido su participación de forma paulatina con el paso de los años. Es así como en 2010 un 20% del total de trabajadores correspondía a menores de 29 años, pero hoy esta cifra corresponde a un 17%.

Como dato importante, dentro del grupo de jóvenes que no forman parte del mundo laboral, se encuentran los llamados NINIs, jóvenes que por distintos motivos, no estudian ni trabajan. Según cifras del OLR, en la Región de Coquimbo son 17.516 jóvenes que no buscan empleo, y las razones principales de ello son las responsabilidades familiares con un 53%, mientras que un 14% no quiere o no necesita trabajar.

Empresas y trabajadores jóvenes

No obstante y más allá de lo anterior, las razones por las cuales ha disminuido la mano de obra juvenil en el mercado laboral local, son bastante más complejas.

La primera de ellas - y que afecta fundamentalmente a los sectores con más estudios - tienen que ver con transformaciones culturales. En concreto, el llamado “efecto Millenial”.

Pablo Pinto, director del OLR, sostiene que “las expectativas (de los jóvenes) han cambiado y actualmente ellos no tienen como principal aspiración encontrar trabajo sino que también desarrollar otras actividades como viajar, desarrollarse personalmente, etc. Por lo mismo, muchos jóvenes no trabajan apenas egresan”, sostiene.

Pinto agrega que otro punto a considerar es que “hoy hay un mayor número de jóvenes entrando a educación superior, especialmente en niveles socioeconómicos con menores ingresos que antiguamente entraban directamente a trabajar. En tal sentido la educación superior se ha “democratizado”, y jóvenes hoy estudian tanto en universidad como formación técnica tanto por esfuerzo familiar como debido al impacto de políticas de acceso a las instituciones de educación superior”.

Y esta situación ¿afecta a las empresas?

Sin duda, responde Daniela Henríquez, socióloga y coordinadora del Levantamiento Cualitativo y Logística del OLR, quien indica que estas transformaciones culturales “no necesariamente compatibilizan con las culturas organizacionales más tradicionales, pues muchas veces esto es visto despectivamente por los empleadores, porque consideran que los jóvenes tienen falta de compromiso. Pero en realidad, es un cambio de las prioridades que tienen los trabajadores jóvenes que no necesariamente trabajan con las mismas expectativas de los trabajadores más adultos”, explicó.

La profesional agrega que las empresas deberán ir “adecuando sus culturas organizacionales, sobre todo las empresas que buscan trabajadores jóvenes, donde no necesariamente se consideran remuneraciones, sino tambien otras variables, como la calidad de vida, tiempo disponible para el ocio, oportunidades de perfeccionamiento, que son expectativas que tienen hoy dia los profesionales”.

Los ninis

Otra realidad distinta la viven los jóvenes que “ni estudian ni trabajan” (NINI), los cuales representan a otro segmento de la población joven, en donde además, las diferencias por género siguen siendo muy marcadas.

Pablo Pinto, director del OLR, señala que este último punto está fuertemente vinculado a la maternidad juvenil. “Si bien en general ésta se ha postergado, esto aplica principalmente a mujeres profesionales habiendo brechas importantes por nivel socioeconómico. Los embarazos adolescentes siguen siendo importantes en niveles socioeconómicos más bajos lo que afecta las posibilidades de trabajar y/o estudiar de las mujeres jóvenes”, expresa.

“Las tareas de cuidado siguen siendo asociadas a las mujeres, incluso en los grupos más jóvenes. Específicamente las mujeres de nivel socioeconómico mas bajo, tienen esta estructura tradicional arraigadas versus mujeres profesionales que tienen más opciones de poder elegir”, indicó Daniela Henríquez.

Y para tenerlo en cuenta: la mayor parte de los jóvenes sin estudios o con la educación básica incompleta no consigue insertarse satisfactoriamente en el campo laboral, donde la tasa de desocupación alcanza un 55,4%, seguido por aquellos con estudios medios completos con un 18,3% de desocupación.

Adultos mayores al alza

Como contrapartida, tal como se ha mencionado anteriormente, los adultos mayores han ingresado con fuerza al mercado laboral durante esta década, fundamentalmente en áreas como los Servicios, Agropecuario y Pesca y Actividades en Hogares, con un 33%, 32% y 29% respectivamente.

Al respecto, Pablo Pinto señaló que para los adultos mayores, el tipo de puestos de trabajo que cubren representan “una oportunidad de inserción. En particular cubren puestos que jóvenes evitan, como el sector agropecuario, que lo han cubierto principalmente adultos mayores e inmigrantes; y además de otros puestos de trabajo que se requieren por turnos específicos y experiencia práctica, por ejemplo labores domésticas que trabajan jornada parcial en un hogar”.

Pero lo cierto es que el fenómeno también tiene como explicación que para muchas personas mayores, el trabajar implica “una importante dimensión de desarrollo personal, lo que también las impulsa a trabajar, como una forma de mantenerse vigentes y ‘contribuyendo’ social y personalmente”.

Para Daniela Henriquez en tanto, gracias al aumento de la expectativa de vida “las personas mayores ya no son vistas como se veían antes, es decir, personas que pueden ser más bien dependientes, sino que son autovalentes, y todavía tienen herramientas para poder seguir trabajando”.

La mirada del Gobierno

Sobre esta nueva realidad evidenciada por el Observatorio Laboral Regional, el seremi del Trabajo, Matias Villalobos, destacó que cada vez más, sean las personas sobre 60 años que se animen a trabajar para seguir activos y aportando a la sociedad, aunque matizó que también “hay que considerar que todos estamos de acuerdo que en nuestro país las pensiones son bajas y muchas veces las personas mayores optan por seguir trabajando para incrementar sus ingresos, lo que finalmente nos preocupa”.

Al respecto señala “a ello apunta el proyecto de reforma a las pensiones presentado por nuestro presidente que considera el fortalecimiento del pilar solidario, la creación de un nuevo pilar enfocado en clase media y mujeres a fin de mejorar las pensiones de los actuales y futuros pensionados, además de un aporte adicional al esfuerzo para quienes sigan trabajando y cotizando después de la edad legal de pensión, entre otras medidas”.

A esos se suman otras iniciativas que apuntan en esa dirección como el Programa Experiencia Mayor de SENCE y que este organismo “haya eliminado los límites de edad para ser para ser partes de los cursos, y de esta manera los adultos mayores puedan insertarse de buena forma en el mundo del trabajo con empleos de calidad”.

Ahora bien, sobre los jóvenes NINIs, reconoció que existe una preocupación especial, para lo cual señala, el Contrato Especial para Jóvenes Estudiantes, “recientemente oficializado como ley” permitiría a su juicio, “que los jóvenes puedan complementar sus estudios y el trabajo, además de incentivar su ingreso al mundo del trabajo formal y favorecer el ahorro previsional a temprana edad, lo que permitirá incrementar los fondos del estudiante en el periodo en que más rentabilidad generarán”, incentivado de paso, el ingreso de los jóvenes a la educación superior. 

 

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