Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
Sin posibilidades de reinvertarse o de haber accedido a los programas de ayuda financiera que dispuso el gobierno, son varios los pequeños emprendimientos que han debido optar por el cierre ante la crisis económica generada por el coronavirus.

El estallido social y por supuesto la pandemia del coronavirus, marcarán para siempre un antes y un después para muchos emprendedores de la región.

Agobiados por los altos costos que deben pagar por el uso de sus locales  -en  el caso de aquellos que son arrendatarios – o por la caída en el flujo de su clientela -y por consiguiente, una menor cantidad de ingresos frente a costos cada vez más crecientes – son varios los pequeños empresarios que tuvieron que decir adiós a sus negocios.

Especialmente palpable en el rubro gastronómico, la crisis económica ha golpeado con especial crudeza a quienes habían apostado por este sector, sin distinguir mucho si se trataba de locales relativamente nuevos o negocios con cierta tradición e historia.

El último golpe vino ahora con la cuarentena. Actualmente, el 80% de los negocios están cerrados por la prohibición de funcionamiento emanada desde la autoridad sanitaria. Además, según un catastro del Ministerio de Economía, el 10% de las pequeñas y medianas empresas del rubro están cerrando y no volverán a abrir.

Y el panorama no es alentador, en la medida que la cuarentena y las restricciones producto de ésta misma, se extiendan en el tiempo. 

Un rincón italiano que se fue

Con sus platos de pastas artesanales, deliciosas pizzas a la piedra y sabrosos cortes de carne, el restaurante Pasta e Brazza, era, hasta el mes de marzo de este año, un verdadero embajador de la gastronomía italiana en el centro de La Serena.

Sin embargo, este rincón italiano ubicado en calle Gregorio Cordovez, a un costado de la catedral regional, no pudo lamentablemente, sobreponerse a los últimos hechos que han marcado la contingencia nacional y regional como son el estallido social de octubre pasado, y el coronavirus.

“Con toda esta situación nos vimos obligados a cerrar en marzo. Cada uno se quedó con sus emprendimientos personales. Mi hermano se quedó en La Serena y yo tuve que venirme a Santiago y ahora, tengo mi propio emprendimiento”, explica Franco Cecchi, quien junto a su hermano Angelo, dieron origen a este restaurant en 2018.

Si bien reconoce, que en un primer momento, confiaron en que la situación generada por la pandemia podía ser momentánea “ya después empezamos a ver que era imposible quedarse cerrados por mucho tiempo. Así que decidimos no volver a abrir”, explica.

Hoy, otro es el emprendimiento que ocupa el espacio que dejó el restaurante: Cocó Café, especializado en sándwiches, helados y repostería a domicilio.

La apuesta “geek” que se truncó por la pandemia

Poco más de un año de existencia tuvo el que fue en su momento, el primer local “gamer” gastronómico de la Región de Coquimbo: Joystick Game Bar, el cual, desde su apertura en diciembre de 2018 con su local ubicado en calle Juan Soldado, llamó la atención por su novedosa puesta en escena.

Y es que además de probar su exquisita carta gastronómica, el negocio tenía a disposición de sus clientes consolas clásicas y actuales, lo que se complementaba con los tradicionales juegos de mesa, arcade y pinball.

No obstante, el primer golpe llegó en octubre de 2019, con la crisis social. Y luego, con la pandemia, el impacto fue el definitivo. 

“Nosotros cerramos el 19 de marzo cuando hubo prohibición de funcionamiento para los restaurantes, porque ya en realidad, quedarse con el delivery no iba a llegar a cuenta”, explica Carolina Soto, quien junto a Máximo Aravena, dieron vida a Joystick Bar.

Y si bien aún mantuvieron algunas esperanzas de que la situación podía ser temporal, la realidad, sobre todo, la económica, dijo otra cosa: “ante los costos que hay que asumir como el arriendo o los sueldos, no tuvimos más alternativa que cerrar. Y como en nuestro local, teníamos consolas y estaba dirigido al público gamer, ese era nuestra fuerza. Y con la pandemia, era bastante difícil  poder volver a trabajar nuevamente como antes”.

15 años que quedaron en el recuerdo

En el año 2005 abría por primera vez sus puertas, uno de los locales que, tras el incendio que sufrió el recordado Pub Croata, se convertiría en uno de los lugares predilectos por los amantes del rock and roll.

Se trataba del Duna Classic Rock Bar, o como era conocido por su fiel clientela, Pub Duna, espacio que con el transcurso de los años, se transformó en uno de los iconos de la noche serenense y uno de los espacios que acogió a numerosas bandas de rock locales, así como del norte del país.

Sin embargo, tras la llegada de la pandemia, a comienzos de julio se hacía realidad la peor de las noticias para sus seguidores: el cierre definitivo del pub.

Al respecto, los dueños del local, en donde los amantes del buen rock tenían su rincón predilecto, y que destacaba además como un espacio para difusión de la música y cultura metal en la zona, señalaban a través de un comunicado que “por diversas circunstancias sociales, de salubridad y por la pandemia que nos azota, se hace insostenible seguir adelante, brindando los clásicos del rock and roll y nuestra atención”.

En la oportunidad además, extendieron los saludos a las bandas que protagonizaron tocatas en el espacio, remarcando que “El Rock and Roll no morirá jamás. Que el Duna siga viviendo como el mejor de sus recuerdos”.

El adiós a uno de los más antiguos

19 años. Eso es lo que alcanzó a cumplir de existencia, uno de los locales que, gracias a sus deliciosos sándwiches, logró reputación en el centro de La Serena.

Al igual que los que siguieron su suerte, Ricardo Quijada, dueño del Rincón Danés, comenta que cerró en marzo. Los gastos por el arriendo, sumado a la caída de la clientela, y las modificaciones en el horario que sufrió producto del estallido social –desde octubre atendía solo medio día- terminaron con su cierre definitivo.

“Tenía un muy buen nivel de clientes. Mi negocio tenía su imagen y marca, pero desgraciadamente tuve que retirarme”, explica.

“Al principio, aunque cerrado, traté de mantener el local esperando unos dos o tres meses, pero el costo del arrendamiento tenía que pagarlo igual. Y en el centro los locales no son muy baratos, porque en promedio el arriendo está entre los 2 y 4 millones de pesos mensuales. Entonces, estar cerrados 4 o 5 meses es mucha plata. Y hay que tener espalda para aguantar eso”, aseguró. Por cierto, los gastos en luz, agua y obligaciones con sus trabajadores, aportaron con otro tanto en la decisión de bajar la cortina.

Sobre el futuro inmediato, Ricardo Quijada advierte que, de extenderse la pandemia en el tiempo, los efectos pueden ser impensados. “Si sigue esto seis meses más, yo creo que van a cerrar más locales de los que ya han cerrado, porque lamentablemente aquí en La Serena, hay poca responsabilidad respecto a lo que está ocurriendo” señala.

 

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